COOPERATIVISMO OBRERO, CONSEJISMO Y AUTOGESTIÓN SOCIALISTA
ALGUNAS LECCIONES PARA EUSKAL HERRIA
6. COOPERATIVAS Y CONSEJOS EN 1929-1936.
Volviendo al capitalismo occidental, el "desarrollado", vemos que la crisis de 1929 permite una recuperación del cooperativismo neutro y ambiguo, pero pronto se produce la respuesta de la empresa privada grande y pequeña porque la crisis económica no permite mucha ganancia, y menos aún que una porción de estas se diluyan en los descuentos de las cooperativas. Pero, además, también presiona contra el cooperativismo el contexto sociopolítico marcado por la presencia internacional de la URSS, por las fuertes luchas obreras en muchos países con sus prácticas consejistas y asamblearias, soviéticas, y por las reacciones contrarrevolucionarias y fascistas en otros. Para unas burguesías atemorizadas y reaccionarias, el lenguaje ambiguo y ecléctico e del cooperativismo mayoritario de este período, supone cuando menos una incertidumbre más y también una merma de u tasa de ganancia.
Pero, además y lo que es peor, dentro del cooperativismo en general de esta época también existen tres corrientes como la reformista socialdemócrata, la que va quedando de las directrices de los IV Congresos de la Internacional Comunista, paulatinamente abandonadas por la burocracia stalinista; y la del cooperativismo anarquista y libertario, que subsiste en algunas zonas y que crece en otras. Así se comprende que las milicias del capital ataquen además de a los comunistas, anarquistas, judíos, etc., también a cooperativas.
Por ejemplo, en Luxemburgo, Austria, Estado francés, Alemania, Japón, etc., se imponen al principio de la crisis severas restricciones al cooperativismo, y más tarde, al triunfar el nazi-fascismo, en Alemania, Italia, Gobierno de Vichy, y Japón se prohibe el cooperativismo. El franquismo, como veremos, barre muy tempranamente el cooperativismo obrero en todas sus variables, y sobre todo destruye el colectivismo, pero a la vez, respondiendo a la fuerza de la Iglesia Católica en el Estado y su capacidad de control y vigilancia, llega a una especie de simbiosis entre el cooperativismo nacionalsindicalista y el cooperativismo católico, siguiendo la misma finalidad que con el nacional-catolicismo.
Sin embargo, y siempre dependiendo de los casos concretos, otras burguesías, en plena guerra de 1939-45,crean sus propias cooperativas, tiendas y almacenes de distribución para sus trabajadores. Lo cierto es que en 1937, cuando la proximidad de una nueva guerra mundial era comentario público, el cooperativismo no socialista ni anarquistas, el llamado "neutro", reafirmó solemne e internacionalmente su neutralidad. Tal vez ésta era una condición previa para ser aceptado por algunas burguesías, preocupadas tanto por el ascenso socialista como por el fascista.
Lejos de allí, en EEUU, la clase trabajadora iniciaba uno de los períodos más impresionantes de lucha de clases que se hayan producido jamás, y que, como es habitual, ha sido ocultado por la historiografía oficial. En 1934-38 los sindicatos oficiales fueron diariamente desbordados y ridiculizados por los trabajadores en un proceso imposible de narrar aquí, y que si bien no llegó a alcanzar la unidad de Seattle en 1919, sí dio pasos significativos hacia el consejismo desde la base. Esta vez la represión y el hambre no bastaron para detener las movilizaciones, aunque las debilitaron y mucho; fue la militarización de la economía en previsión de la II GM, que la burguesía yanki necesitaba y deseaba con ahínco, la que al crear decenas de miles de puestos de trabajo desinfló la combatividad obrera.
En la Europa de 1936 se vivieron cuatro experiencias de poder popular con diferente intensidad y duración pero con la misma suerte, la derrota. En el Estado francés, ya desde 1934 se asistió a un ascenso de las luchas obreras y en mayo de 1936 las izquierdas ganaron abrumadoramente las elecciones, pero en la realidad las masas trabajadoras estaban muy decididas a dar pasos revolucionarios. Las ocupaciones de fábricas, empresas y talleres proliferaron por doquier, con especial fuerza en Danos y Gibelin en el mes de junio.
La clase obrera volvió a demostrar una enorme capacidad de administración democrática y de aglutinación de amplios sectores del pueblo trabajador, pero los partidos y sindicatos, sobre todo los stalinistas, habían decidido reinstaurar el orden, como se lo habían asegurado a la burguesía en reuniones privadas. Lo hicieron desmoralizando y paralizando desde dentro al movimiento obrero y purgando de "ultraizquierdistas" todas las organizaciones. Pero hicieron más, cortaron toda ayuda militar a las fuerzas democráticas y revolucionarias que en Euskal Herria, Catalunya y Estado español se enfrentaron a la contrarrevolución franquista apoyada por el capital internacional. Para septiembre de 1936 el prometedor consejismo obrero francés estaba derrotado básicamente desde dentro.
6.1. REVOLUCIÓN Y COMUNA OBRERA EN ASTURIAS
En Asturias estallaba el 5 de octubre de 1934 una insurrección obrera que se apoderó de los centros mineros, industriales y portuarios, instaurando una comuna revolucionaria que contó con el apoyo de la inmensa mayoría de las masas trabajadoras. Los obreros, sin grandes disensiones internas entre los partidos de izquierdas, además de organizar su defensa, también demostraron una gran capacidad administradora al mantener en funcionamiento las grandes y complejas instalaciones, trenes y transportes, alimentación y sanidad, etc. Otros estallidos revolucionarios habidos en la península ibérica, y también en Euskal Herria, como veremos, fueron derrotados de inmediato, y Asturias quedó aislada por una burguesía española que movilizó lo mejor de sus tropas, la legión, regulares africanos y guardia civil.
El 12 de octubre empezó el ataque que fue detenido en su avance al centro de Oviedo también por dos mujeres con una ametralladora. Una de ella, Aida de la Fuente, fue apresada viva, desnudada, asesinada con treces tiros y su cadáver abandonado en plena calle. La comuna, consejo o soviet de Asturias se rindió el 18 de octubre. El ejército incumplió lo pactado y bañó en sangre al pueblo asturiano. J. Ambou ha narrado en "La Revolución de Octubre en Asturias", texto recogido en "Octubre 1934 Urria" algunos de sur recuerdos personales como joven militante comunista:
"Hacía falta organizar lo conquistado, reforzar, acabar con los reductos que quedaban y dar de comer al pueblo, los medios de producción eran nuestros, no puede extrañar por el ello el funcionamiento de las minas que necesitábamos y la conservación perfecta, técnicamente perfecta de las demás, el trabajo normal y regular de toda la industria de guerra. El trabajo de toda la industria metalúrgica, muy importante en Asturias (...) Los trabajadores decían: se está demostrando que podemos trabajar sin capataces y sin patronos capitalistas; el entusiasmo revolucionario era desbordante. Nos parecía que éramos capaces de tomar el cielo por asalto, recordando la comuna de París, y no tomamos el cielo por asalto pero sí fuimos poder obrero durante 15 días (...) Se pusieron a trabajar todas las panaderías de Oviedo. No faltó pan y las lecheras que venían de todos los puntos cardinales fueron localizadas para que trajeran con sus borricos leche para los niños (...) Se pusieron en funcionamiento los transportes ferroviarios. Blindamos máquinas y dimos de comer al pueblo y a los combatientes (...) Aunque lejana, la comuna de País nos enseñó bastante y nosotros copiamos en nuestro comité la creación de las comisiones de vigilancia --destinadas a impedir todo pillaje y toda provocación y al mismo tiempo de indicar dónde estaban los centros de reclutamiento--. La mujer tuvo una gran participación, se dio también un gran salto de calidad en lo que se refiere a la participación de la mujer. Participó en la lucha, en la organización, en esas comisiones de vigilancia, en los comedores colectivos".
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